martes, 18 de marzo de 2014

Los expertos del gobierno y la reforma fiscal

El miedo va a cambiar de bando. Todos hemos escuchado alguna vez esta contundente consigna. Pero siendo rigurosos, más que cambiar lo que va a hacer el miedo es volver a donde estaba en 2008. Porque el año que estalla la crisis global, las élites económicas estaban aterrorizadas ante la perspectiva de que sus manejos hubiesen hundido al sistema.

Ese año escuchamos al muy conservador Sarkozy contar al mundo que había que "refundar el capitalismo sobre unas bases éticas". También poderosos hombres de negocio, magnates de la banca, salían a la luz pública a reconocer que la culpa de la crisis había sido suya, se disculpaban y hasta pedían más regulación en los mercados. El culmen de este pánico se vivió entre el Miércoles 17 y el Jueves 18 de Septiembre de 2008, tras la quiebra de Lehman Brothers,  cuando el sistema financiero estuvo a punto de un colapso total y se inició un período que se vino a llamar de congelamiento del crédito, que en su punto más crítico implicó la paralización del crédito interbancario y de la emisión de papeles comerciales de corto. Nadie se fiaba de nadie y el dinero dejó de circular. Mientras los trabajadores, ajenos, miraban esos manejos en los telediarios con indiferencia, las oligarquías estaban cagadas de miedo.

A partir de ahí la cosa cambia y comienza su salida a la crisis a nuestra costa. El discurso de la culpa es de todos y lo de vivir por encima de las posibilidades. Las inyecciones mil millonarias a la banca, la asunción pública de su deuda privada, y de paso, el desmantelamiento de los estados sociales y los derechos laborales en occidente para recuperar las tasas de ganancia. La vieja receta neoliberal que nos había llevado a la crisis pero aun más salvaje, a ver si así funciona mejor.

Al final, la pregunta clave de todo este juego de poder es quién va a pagar la crisis. Pues mientras la indignada ciudadanía, en las manifestaciones, corean consignas como "¡Vuestra crisis no la pagamos!", la realidad es que son las rentas del trabajo las que estamos pagando los platos rotos.

Solo hay que echar un vistazo a la evolución de los ingresos tributarios en nuestro país:


La recaudación del Impuesto de Sociedades, el que grava los beneficios empresariales, las rentas del capital, se ha reducido más de la mitad desde antes de la crisis. En 2012, el gobierno inyectó a los bancos 41.300 millones de euros vía rescate bancario, casi el doble de lo que aportaron al estado todos los y las capitalistas españoles juntos. Un año después reconocía que daba por perdidos 36.000 millones, que no va a recuperar pero que sí tiene que devolver a la UE con los correspondientes intereses. Luego la cuenta es sencilla, nos sale a pagar a las rentas del trabajo la devolución del rescate bancario.

La recaudación vía rentas del trabajo se ha mantenido, pero como los salarios han bajado y hay mas desempleo, parece claro que ha sido a costa de subir los tipos impositivos y quitar deducciones. Respecto al IVA, ni siquiera la subida de 5 puntos porcentuales, del 16 al 21%, ha conseguido mantener la recaudación. En lo que representa un claro indicador del gran problema que supone para este país la caída del consumo y la demanda agregada interna, que representa el 98% del PIB.

En conclusión, los asalariados y asalariadas somos el 82´4% de la población ocupada española. Los trabajadores y trabajadoras por cuenta propia el 17´5%. Pero de éstos solo el 5´2% son empleadores, el resto son autónomos o cooperativistas. Luego el 94´8% de la población nos repartimos el 44´2% del PIB y soportamos el 87% de la carga fiscal. Mientras, el 5´2% de capitalistas se reparte el 46´1% del PIB y solo soporta el 9´7% de la presión fiscal. Pues no parece un modelo muy eficiente económicamente y desde luego el principio de progresividad en la tributación consagrado en la Constitución Española brilla por su ausencia. 

De modo que así está la cosa. Tenemos una deuda pública en el máximo histórico del 95´7% del PIB, que ya es a todas luces impagable. Una deuda derivada de asumir como pública la inmensa deuda privada, principalmente, del sector financiero. El gobierno necesita urgentemente liquidez para, al menos, ir pagando los vencimientos. En consecuencia tiene que subir los impuestos, pero como eso ya lo ha hecho y no es muy estético, lo llama reforma fiscal. Y para que parezca que no es cosa suya sino una necesidad técnica de la economía, se la encarga a un comité de expertos amigos suyos.

Pues bien, el grupo de expertos que el gobierno tenía cocinando la reforma fiscal concluye que hay que subir el IVA y bajar el Impuesto de Sociedades e IRPF y eliminar el de patrimonio. A lo que De Guindos replica que no se tocará el IVA en lo sustancial. Dejando claramente entrever que una subida de los tipos reducidos sí que entra en los planes del gobierno.

De modo que las conclusiones, las de siempre, que paguen los trabajadores y trabajadoras. Y ya de paso, que los ricos y ricas paguen un poquito menos. O sea, bajar el IRPF que beneficia sobre todo a los tramos más altos que son los que más pagan, bajar el IS y quitar Patrimonio, por si las rentas del capital y rentistas no estaban suficientemente privilegiados, y subir el IVA, a ver si conseguimos terminar de darle la puntilla a la economía con la demanda agregada interna.

En definitiva nos traen otra reforma ideológica, por más que la disfracen de comité de sabios, que viene a afianzar los privilegios clasistas. Y por tanto, hay que responder esgrimiendo una contrarreforma que defienda los intereses de los trabajadores y asegure la viabilidad económica del país. En esa línea es muy recomendable leer la propuesta de CCOO. Sus claves:
  • Ampliar el IVA reducido a productos como los suministros energéticos y otros de primera necesidad
  • Bajar el IS solo a sociedades de nueva creación y cambiar las deducciones que terminan por hacer que las grandes empresas tengan un tipo efectivo menor que las PyMES
  • Lucha contra la economía sumergida y el fraude fiscal
  • Nuevos impuestos a la riqueza, transacciones financieras y medioambientales
  • Quitar deducciones al IRPF que benefician solo a las rentas más altas.

En cualquier caso es una cuestión fundamental, puesto que el dinero es la concreción final de la política y hacer realidad ese grito de las manifestaciones de "¡vuestra crisis no la pagamos!" pasa por derribar este régimen fiscal, sino sí que la vamos a pagar, y con creces.


martes, 25 de febrero de 2014

La conquista del pan

Después de casi 30 años, el consumo de pan vuelve a crecer en España. El gobierno lo achaca al descenso del precio (un moderado 1´9%), sin importarle lo más mínimo el carácter demostradamente inelástico de la respuesta de la demanda de pan a las variaciones del precio. Los tertulianos y tertulianas hablan de la vuelta a los sabores de la infancia, de la dieta mediterránea, de la cultura del pan y de cualquier cosa que se les ocurre.

El caso es que en dos años hemos pasado de ser los europeos y europeas que menos pan consumían a ponernos a la cabeza. Y este hecho encierra importantes verdades económicas que van más allá de la moda o el gusto de los consumidores.

La cuestión es que el pan es el ejemplo paradigmático de un bien inferior. Que es como los y las economistas llamamos a los bienes que tienen una elasticidad-renta negativa. O sea,  que según aumenta la renta del consumidor, se reduce la demanda de ese bien. O bien, al contrario, que cuando cae la renta, aumenta su demanda.

El pan ocupaba una porción importante de las rentas de subsistencia de las familias españolas en la trancisión, pero en la medida en que éstas fueron aumentando se fue sustituyendo el consumo de pan por carne, pescado, fruta, etc. Bienes normales y de lujo, que fueron ocupando la cesta de la compra en los hogares.

El retorno al consumo generalizado del pan es solo un indicador del empobrecimiento de los hogares españoles, la vuelta a los hábitos de consumo de subsistencia. Pero hay indicadores mucho más claros y directos:


No solo asistimos al incremento objetivo de la pobreza, con casi un tercio de la población en riesgo de pobreza o exclusión social. Si no que el empeoramiento de las condiciones laborales y la caída de los salarios, gracias a la reforma laboral, nos sitúa ante un nuevo tipo de pobreza. El pobre-trabajador. O sea, aquel que a pesar de trabajar una jornada laboral completa no es capaz de salir del umbral de la pobreza.


Todo ello, mientras las rentas del capital no dejan de crecer, transformando estas rebajas salariales directamente en plusvalía absoluta, en lugar de bajar los precios para ganar competitividad. Por lo que se produce una gran polarización de la sociedad entre ricos y pobres. 


 Si nos atenemos al coeficiente de Gini, España es ahora mismo el país con mayor desigualdad social de la UE después de Letonia (35´7).

El país retrocede 30 años y no solo en hábitos de consumo, también en estructura social, en derechos laborales y sociales, etc.

Decía el anarquista ruso Kropotkin en "La conquista del pan", que un país que produce en abundancia no puede mantener a su gente en la pobreza. Esperemos que el pueblo no se conforme mucho más con las migajas de la subsistencia. Porque no se puede salir de la pobreza material sin antes abandonar la pobreza de espíritu.

miércoles, 15 de enero de 2014

No es otra crisis, es un nuevo modelo de acumulación


Los beneficios empresariales alcanzan en 2013 su máximo histórico en un tercer trimestre. Es un titular que a uno le hace pensar ¿pero no estábamos en crisis? Entonces recuerdo los 6 millones de parados y paradas, los salarios a niveles de 2003, los recortes sociales... y la pregunta pasa a ser ¿pero crisis para quién?

Y es que esta crisis, que dura 6 años y no se le ve fin, tiene algunas curiosas particularidades respecto a las anteriores. Una crisis normal dibuja una U en la senda del PIB, la producción cae y luego se recupera y crece. Las empresas reducen sus márgenes de beneficio, algunas cierran, las menos eficientes. El consumo cae por la desconfianza de los consumidores, a la vez que aumenta el ahorro. Lo normal de una crisis cíclica del capitalismo.

Aquí la crisis empezó así, pero a estas alturas ya es otra cosa. ¿A qué me refiero?

  • Caída y recaída del PIB; de la U a la L:

Pasamos nuestra U entre 2008 y 2011. Luego, coincidiendo con las primeras medidas del gobierno de Rajoy, la economía volvió a caer y dos años después parece que la caída ha parado, pero no crece, se estanca, en lo que se conoce como una salida en L.Y como con esas tasas tan bajas no se crea empleo, la salida técnica de la recesión que tanto pregona el gobierno, en realidad, no va a cambiar la grave situación social del país.




  • El consumo ya no es cuestión de confianza; Del no querer al no poder:

El consumo sí ha caído, un 3% estos dos años, registrando la Demanda Agregada nacional una caída de 10 puntos desde 2005. Sin embargo no se debe a la desconfianza. Lo fue al principio de la crisis, cuando se compensaba con el incremento del ahorro, pero no ahora, cuando el ahorro también cae y a lo que asistimos es a la disminución de la Renta Disponible de los hogares. O sea, al empobrecimiento generalizado de los trabajadores españoles.




  • Beneficios empresariales en expansión; ¿Crisis para quién?:

Que los salarios son cada vez más bajos es algo muy evidente para cualquier español que no sea el ministro Montoro, (que a la vista de los datos, o miente o hay una desaceleración en la veracidad de su discurso). Las rentas salariales han retrocedido 10 años en el tiempo hasta colocarse al nivel de 2003. Y la tendencia se mantiene, pues Al 2,6% de reducción de los costes laborales unitarios en 2013 se sumará otro 1,3% previsto para 2014.



Bajando además especialmente en los tramos salariales más bajos, los de los trabajadores y trabajadoras no cualificados, y llegando, por el contrario, a subir hasta un 7% en el caso de los altos directivos. Incrementando la brecha salarial y la desigualdad.

Sin embargo, con las rentas del capital pasa todo lo contrario. Los beneficios has aumentado un 29%. Cada vez mayor parte del PIB, de todo lo que se produce, va a parar a los bolsillos de los y las capitalistas y menos a los de los trabajadores y trabajadoras. Hasta el punto de que por primera vez, en 2012, el total de beneficios fue mayor que el total salarial. Teniendo en cuenta que los beneficios se los reparten entre unos pocos y los salarios entre muchos.




No parece, por tanto, que a la clase capitalista española le vaya nada mal con la crisis. De hecho, asistimos a noticias como el incremento del número de millonarios en un 13% en 2012, o el incremento del gasto en consumo de productos de lujo en el país en un 15% ese mismo año, 2012, el año de la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes en situación irregular. Una España que muere y otra que bosteza, que diría Antonio Machado.

 Y no parece que sea casualidad que sea precisamente España, el país desarrollado donde más graves son las agresiones que se están cometiendo contra los derechos civiles y laborales, donde peor es la situación de los trabajadores y trabajadoras y donde al mismo tiempo mayor es el crecimiento del beneficio empresarial (excedente bruto de explotación).


Este es el verdadero objetivo de la reforma laboral del gobierno. Crear empleo no debe ser cuando lo que ha conseguido es un millón y medio más de parados y paradas. Pero incrementar las tasas de beneficios a costa de bajar los salarios, eso lo ha hecho sobresalientemente.

El resto de la política parece en la misma linea, cuando se rescatan bancos y se denuncia la ley antidesahucios andaluza. Los impuestos que pagan los hogares suben un 3,6%, el de sociedades que pagan las empresas desciende un 16%, en términos reales en el tercer trimestre de 2013. Y así todo.


  • Un nuevo modelo de acumulación:

Cabría pensar que se está aplicando la misma receta neoliberal de los años 80. Más productividad y menos salarios para incrementar las tasas de beneficios. Sin embargo hay un elemento novedoso. Esta tendencia se está dando muy rápido y sin crecimiento económico. 

Si la economía no crece, si no se crea nueva riqueza, ¿de donde salen estos nuevos beneficios?. En otras palabras, desde los años 80, con la receta neoliberal, la tarta que producíamos cada año era cada vez más grande. Los obreros y obreras, a pesar de ello, no incrementaban su porción, que era constante, mientras los y las capitalistas se quedaban toda esa nueva tarta. Había un reparto desigual, injusto, de la nueva renta creada. Pero el trabajador seguía manteniendo su nivel de vida.

Ahora sin embargo la tarta no crece, de hecho es más pequeña. ¿como es que la porción capitalista es más grande? Porque se están comiendo nuestro trozo de tarta y nos dejan solo unas migajas. Esto ya no es un reparto desigual, es un robo.

En palabras del catedrático de economía aplicada, de la Universidad de Sevilla, Manuel Delgado Cabeza: "Hemos entrado en un régimen de acumulación por desposesión, lo que acumula el capital es apropiación de riqueza ya existente".

Así, los bancos se han hecho con un un extenso patrimonio inmobiliario, pero no han construido nada, son las casas de las familias trabajadoras desahuciadas. Igual pasa con los que antes era patrimonio colectivo, social, los recursos que el Estado destinaba al sostenimiento del estado del bienestar y ahora van a parar a manos privadas vía rescate bancario, déficit de tarifa eléctrica o intereses de deuda. Y en definitiva, los salarios que desaparecen y van a parar directamente a la cuenta de resultado. 

El problema es que esta estrategia además de indigna y criminal, es totalmente miope porque el saqueo del país a corto plazo va a terminar destruyendo las bases de la economía e imposibilitando la recuperación durante décadas. El 96% de nuestro PIB depende de la demanda agregada interna, que depende del consumo y el gasto público, y que por tanto se ve muy afectada negativamente por el empobrecimiento generalizado y la austeridad. Si los dejamos, si permitimos que se salgan con la suya, acabaremos con un país paralizado y pobre, y unos cuantos rentistas con abultadas cuentas en Suiza. Su salida a la crisis no es una salida, es un pozo.